Jamás se van a enterar

Eran cerca de las 2 de la madrugada y mi hijo no regresaba de la fiesta, su hora de llegada era hasta las 12:00, pero no llegaba ni contestaba el celular. Me puse muy nervioso y supuse que algo malo le había pasado y decidí salir a buscarlo yo mismo a la fiesta. Al llegar mi hijo estaba sentado en la acera, con la cabeza entre las piernas, acompañado por dos amigos. Lo llevé a la casa, lo ayudé a acostarse y al día siguiente, tuvimos una extensa plática. Él sólo recordaba que sus amigos le habían dicho que tomara tranquilo, que con unas pastillas de menta 'tus jefes jamás se van a enterar'.

- Renato

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